Año 1993. Recién cumplidos quince años, y fruto de mi trabajo durante el verano, consigo ahorrar lo suficiente para comprar mi primer taco de billar. Busco una marca reconocida y un modelo concreto, pero no lo consigo. Sin embargo, con la ayuda de mi tío, adquiero la pequeña gran joya que siempre soñé. Cada vez que contemplo el deseado taco me gusta más y más. Su golpe es preciso y su diseño precioso. Con mi primer taco participo en campeonatos sociales, con algún premio y gano mi primera medalla en un campeonato juvenil de Libre.

Pasado un tiempo prudencial, mis padres me regalan un taco de billar de gama profesional. Con él gano los primeros campeonatos oficiales de Libre y de Cuadro territoriales. Lo observo, me encanta tenerlo en mis manos, es una auténtica obra de arte.

Posteriormente compro un taco de otra marca. Busco un ejemplar de más peso y diferentes características, ya que los materiales de juego han cambiado y debo adaptarme a ellos. No me cuesta adaptarme, pero al cabo de unos meses decido comprar otro. Comienza a despertar en mi la curiosidad de probar diferentes maderas, diferentes equilibrios y también, debo reconocerlo, me encanta coleccionar tacos de billar que son verdaderas joyas.

Practico el billar con la gran mayoría de marcas que existen en el mercado. Reconocidas firmas  me patrocinan sus tacos para jugar. Mis conocimientos adquiridos hacen que domine los diferentes tipos de madera,  de estructuras,  de diseños, combinación de colores y un largo etcétera.

Durante el verano del año 2015, decido dedicarme profesionalmente a la fabricación de tacos de billar. Mi reconocimiento a Francesc y Marià, de la firma Tacos Castelló y tantos compañeros y amigos que han colaborado con su saber para que pueda llevar a cabo una línea de investigación que da como resultado un taco de billar, con una estructura compacta, equilibrada y noble a la vez.